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Tipos de prostitutas experiencias de prostitutas

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Me gusta porque me ven como a un ser humano. No solo las prostitutas se han subido al carro del debate, sino que personas con lazos familiares o emocionales con el sector también han querido compartir sus experiencias: Dos de ellas tenían pareja y me contrataron para hacer un trío. Era algo muy extraño, como si fuese parte de un asesoramiento sexual para parejas. En cambio, la otra era una habitual y se notaba que quería tener una relación, pero que simplemente no tenía tiempo". Al respecto, otra usuaria, también del gremio, añade: Asimismo, existe un consenso claro entre las usuarias: Al respecto, citan la novela de Gillian Flynn , Perdida , que describe la situación al dedillo: Son atractivas y comprensivas.

Respetan mis límites y nunca he sentido miedo a ser robada o violada. Ellas me ven como un ser humano. La verdad es que a veces los hombres te usan como un objeto. Con ellos siempre tengo la guardia levantada.

Soy parte de un grupo de apoyo. Conozco tanto las buenas como las malas historias. Tuve una amiga a la que dispararon en la cabeza por rechazar a un cliente. Algunas han sufrido mucho. Por supuesto, escuchar todo esto y presenciarlo de primer mano ha cambiado mi visión de los hombres.

La verdad es que nunca me he sentido amenazada o insegura con una cliente. Eso me hizo pensar que ya no cabía duda de que lo que hacía M. Pero no estaba claro. Nuevamente, y a pesar de mi indignación, lo que me parecía completamente ilegal volvía a estar abierto a interpretaciones.

La agencia o el club hace de intermediario, pero si la chica acepta el desplazamiento y una vez allí no se llega a un acuerdo, tiene todo el derecho del mundo de largarse. De hecho, mientras conversaba con M. Me aconsejó que invirtiera tiempo en la 'diversión previa'.

Él me "enseñaría a trabajar", o sea, a darles conversación y sacarles tantas copas como para que, al llegar a la habitación, estuvieran muy borrachos y se durmieran. Así que el gran y turbio truco residía en emborrachar a los clientes para cobrarles el alcohol y el sexo que no iban a tener, aunque se fueran creyendo que sí.

Piensa que estamos al lado de hoteles de mucha pasta", continuó M. Es como un control de alcoholemia", me aseguró el gerente. Desde , la prostitución no es un delito en España y, desde , en Cataluña existen licencias que regulan los locales donde se puede ejercer la prostitución.

Regresa a Verona, pues estaba enamorada de un militar norteamericano negro que residía allí. Lo quería locamente, a pesar de lo mujeriego que era y de lo que por esto le hacía sufrir, pero no quería casarse con él 4. Vuelve a trabajar en night. Comienza a conocer prostitutas. No quiere continuar en el night y se emplea en una empresa de cosméticos como esteticista visitadora. Nunca se había prostituido y ni siquiera pensaba en ello. En el bar, muchos hombres le proponían a Carla relaciones sexuales a cambio de dinero 6.

Pia y Carla viven juntas. Nuestra protagonista no conseguía encontrar trabajo y vivían del dinero que Pia ingresaba prostituyéndose. Como no admitía esta situación de dependencia económica, que le desagradaba profundamente, piensa, entonces, en la posibilidad de prostituirse: No estaban en el otro lado de la barricada, como las consideraba la gente.

Para mí eran personas vencedoras, ni víctimas ni mujeres que hay que exorcizar. Pia me parecía fuerte, segura de sí misma y de su trabajo Empezó, así, una vida de prostitución y diversión. Salían, una noche o dos a la semana, a prostituirse y obtener lo mínimo para vivir dignamente, dedicando el resto del tiempo a pasarlo bien. Se prostituía, pues, a tiempo parcial. Las cosas le iban bien. Dejan de trabajar y siguen prostituyéndose para obtener dinero: Acudían a bares, discotecas y night para conseguir clientes.

Por tanto, Carla pasa de ejercer la prostitución a tiempo parcial, a hacerlo a dedicación completa; y pasa, también, de trabajar por cuenta ajena, en locales, a hacerlo por cuenta propia. Ejerce la prostitución de día, no le gusta trabajar de noche. El ejercicio de la prostitución en la calle y no en los locales es un modo de ganar autonomía, de no trabajar para nadie, de conquistar libertad con respecto a los hombres, de librarse de la explotación laboral.

Permítasenos una larga cita, pues vale la pena escuchar sus palabras:. Para empezar, no te hace padecer físicamente, porque la gente quiere oírte decir que te has sentido violada, violentada, que has puesto a la venta tu alma. Te pones a la venta porque necesitas dinero. Así se han emancipado, porque ahora lo ganan bien, y tienen un tren de vida que nunca habrían soñado. A lo mejor él les hubiera pegado porque bebía, habrían parido tres o cuatro hijos y no habrían podido vivir bien esa maternidad, así que ni siquiera habrían tenido la alegría de la maternidad.

Han pasado de esa situación a otra, indudablemente mejor, por lo menos ya no dependen de una figura masculina. Pero en mi caso, la causa principal, lo que me empujó a prostituirme no ha sido sólo el dinero sino fundamentalmente el rechazo a las reglas fijas.

También han contado sus características. He estado en Rusia y estaba llena de prostitutas, y sin embargo, todas las mujeres trabajaban, pero lo hacían por lo superfluo, por el consumismo que fascina siempre, sobre todo a quien no lo tiene. Lo hacen para tener unas medias bonitas, el vestido de moda, para ir a los hoteles lujosos sólo para extranjeros, donde ni siquiera pueden entrar.

Tengo que confesar que, incluso al principio, iba a trabajar con gusto. Solemos ver a las prostitutas como unas desgraciadas, marginadas y desamparadas, y nos negamos a admitir, nos escandaliza, que las prostitutas puedan experimentar una serie de placeres en el ejercicio de la prostitución.

Carla reconoce la existencia de estos placeres y habla de ellos. Señala la sensación de riesgo, que le excita, el placer de la transgresión y el de sentir poder o dominio sobre los clientes, sobre todo durante la negociación del precio del servicio. Ante esto, a Carla le atemoriza y produce ansiedad pensar en el futuro e insiste en la necesidad de que las prostitutas aprendan a ahorrar para enfrentar su vejez. Solemos tener, configurar y necesitar una imagen estereotipada de las prostitutas, en virtud de la cual son víctimas de sí mismas, de la sociedad y de los hombres 14 , unas perdedoras, unas desventuradas de quienes compadecerse.

Pero esta imagen es eso: De hecho, Carla, como otras prostitutas, no se amolda a ese tópico: Evidentemente he sufrido por las dificultades de la vida, pero como todos. No quiero ser víctima de estos sufrimientos: Para ella la prostitución es un medio para alcanzar y mantener su libertad, su autonomía, su independencia.

Es un medio que le permite eludir el papel tradicional de esposa y madre, así como su dependencia económica con respecto a un varón. Esta falta de amoldamiento al estereotipo conturba a los prejuiciadores.

Nos podremos imaginar como es su jornada laboral , colmada de sexo sin amor y clientes desconocidos, pero para descifrar sus pensamientos no hay nada como acudir al testimonio directo. Lo hagan por elección propia, por necesidad o bajo el yugo de un proxeneta , tienen necesidad de comentar sus preocupaciones y teorías propias sobre su trabajo.

Ellas me ven como a un ser humano, podemos hablar, reírnos y pasar el rato. Es importante resaltar que todas hablan desde el anonimato , lo que les permite concretar con todo lujo de detalles sus encuentros tanto con hombres como con mujeres. Es el caso de una prostituta australiana que durante años, por miedo a dejar de ser heterosexual, se negó a acostarse con personas de su mismo sexo. Destaca su higiene, su compromiso no suelen cancelar reservas y, por encima de todo, hace hincapié en algo que muchas prostitutas echan de menos durante sus encuentros sexuales: Al parecer, las mujeres que pagan por sexo son una rareza bien cotizada.

En muchas ocasiones tan solo quieren sexo oral o un masaje , y con ellas se puede hablar, pasar el rato y reírse. Casi siempre llegan con una botella de vino, y en ocasiones comida. Es como tener sexo con un amigo. Me gusta porque me ven como a un ser humano.

No solo las prostitutas se han subido al carro del debate, sino que personas con lazos familiares o emocionales con el sector también han querido compartir sus experiencias: Dos de ellas tenían pareja y me contrataron para hacer un trío. Era algo muy extraño, como si fuese parte de un asesoramiento sexual para parejas.

En cambio, la otra era una habitual y se notaba que quería tener una relación, pero que simplemente no tenía tiempo".

Al respecto, otra usuaria, también del gremio, añade: Asimismo, existe un consenso claro entre las usuarias: Al respecto, citan la novela de Gillian Flynn , Perdida , que describe la situación al dedillo: Son atractivas y comprensivas. Respetan mis límites y nunca he sentido miedo a ser robada o violada. Ellas me ven como un ser humano. La verdad es que a veces los hombres te usan como un objeto. Con ellos siempre tengo la guardia levantada.

Soy parte de un grupo de apoyo. Conozco tanto las buenas como las malas historias. Tuve una amiga a la que dispararon en la cabeza por rechazar a un cliente. Algunas han sufrido mucho. Por supuesto, escuchar todo esto y presenciarlo de primer mano ha cambiado mi visión de los hombres.

La verdad es que nunca me he sentido amenazada o insegura con una cliente. Pero le parecía injusto tener que dar un porcentaje de sus ganancias al empresario para quienes laboraban, por lo que, con unas compañeras, intenta establecerse por su cuenta. La tentativa no le salió bien. Por todo esto, en regresó a Verona. Aunque no estudiaba, se movía en el ambiente universitario y sus amigos universitarios contribuyen a su formación; leía mucho y crecía culturalmente.

Tenía 22 años; hacía un año que se había marchado de la casa de su padre. En el año 69 se fue a Dinamarca. Regresa a Verona, pues estaba enamorada de un militar norteamericano negro que residía allí. Lo quería locamente, a pesar de lo mujeriego que era y de lo que por esto le hacía sufrir, pero no quería casarse con él 4. Vuelve a trabajar en night. Comienza a conocer prostitutas. No quiere continuar en el night y se emplea en una empresa de cosméticos como esteticista visitadora.

Nunca se había prostituido y ni siquiera pensaba en ello. En el bar, muchos hombres le proponían a Carla relaciones sexuales a cambio de dinero 6. Pia y Carla viven juntas. Nuestra protagonista no conseguía encontrar trabajo y vivían del dinero que Pia ingresaba prostituyéndose. Como no admitía esta situación de dependencia económica, que le desagradaba profundamente, piensa, entonces, en la posibilidad de prostituirse: No estaban en el otro lado de la barricada, como las consideraba la gente.

Para mí eran personas vencedoras, ni víctimas ni mujeres que hay que exorcizar. Pia me parecía fuerte, segura de sí misma y de su trabajo Empezó, así, una vida de prostitución y diversión. Salían, una noche o dos a la semana, a prostituirse y obtener lo mínimo para vivir dignamente, dedicando el resto del tiempo a pasarlo bien. Se prostituía, pues, a tiempo parcial. Las cosas le iban bien.

Dejan de trabajar y siguen prostituyéndose para obtener dinero: Acudían a bares, discotecas y night para conseguir clientes. Por tanto, Carla pasa de ejercer la prostitución a tiempo parcial, a hacerlo a dedicación completa; y pasa, también, de trabajar por cuenta ajena, en locales, a hacerlo por cuenta propia. Ejerce la prostitución de día, no le gusta trabajar de noche. El ejercicio de la prostitución en la calle y no en los locales es un modo de ganar autonomía, de no trabajar para nadie, de conquistar libertad con respecto a los hombres, de librarse de la explotación laboral.

Permítasenos una larga cita, pues vale la pena escuchar sus palabras:. Para empezar, no te hace padecer físicamente, porque la gente quiere oírte decir que te has sentido violada, violentada, que has puesto a la venta tu alma.

Te pones a la venta porque necesitas dinero. Así se han emancipado, porque ahora lo ganan bien, y tienen un tren de vida que nunca habrían soñado. A lo mejor él les hubiera pegado porque bebía, habrían parido tres o cuatro hijos y no habrían podido vivir bien esa maternidad, así que ni siquiera habrían tenido la alegría de la maternidad. Han pasado de esa situación a otra, indudablemente mejor, por lo menos ya no dependen de una figura masculina.

Pero en mi caso, la causa principal, lo que me empujó a prostituirme no ha sido sólo el dinero sino fundamentalmente el rechazo a las reglas fijas. También han contado sus características. He estado en Rusia y estaba llena de prostitutas, y sin embargo, todas las mujeres trabajaban, pero lo hacían por lo superfluo, por el consumismo que fascina siempre, sobre todo a quien no lo tiene.

Lo hacen para tener unas medias bonitas, el vestido de moda, para ir a los hoteles lujosos sólo para extranjeros, donde ni siquiera pueden entrar. Tengo que confesar que, incluso al principio, iba a trabajar con gusto. Solemos ver a las prostitutas como unas desgraciadas, marginadas y desamparadas, y nos negamos a admitir, nos escandaliza, que las prostitutas puedan experimentar una serie de placeres en el ejercicio de la prostitución.

Carla reconoce la existencia de estos placeres y habla de ellos. Señala la sensación de riesgo, que le excita, el placer de la transgresión y el de sentir poder o dominio sobre los clientes, sobre todo durante la negociación del precio del servicio. Ante esto, a Carla le atemoriza y produce ansiedad pensar en el futuro e insiste en la necesidad de que las prostitutas aprendan a ahorrar para enfrentar su vejez.

Solemos tener, configurar y necesitar una imagen estereotipada de las prostitutas, en virtud de la cual son víctimas de sí mismas, de la sociedad y de los hombres 14 , unas perdedoras, unas desventuradas de quienes compadecerse.

Pero esta imagen es eso: De hecho, Carla, como otras prostitutas, no se amolda a ese tópico: Evidentemente he sufrido por las dificultades de la vida, pero como todos. No quiero ser víctima de estos sufrimientos: Para ella la prostitución es un medio para alcanzar y mantener su libertad, su autonomía, su independencia.

Es un medio que le permite eludir el papel tradicional de esposa y madre, así como su dependencia económica con respecto a un varón. Esta falta de amoldamiento al estereotipo conturba a los prejuiciadores. Por otra parte, su realidad y sus posiciones con respecto a la prostitución resultan opuestas y provocadoras con respecto a la concepción que muchas feministas tenían de la prostitución y a sus posicionamientos sobre ésta.

Las feministas tenían de las prostitutas la imagen de unas mujeres excluidas y malhadadas, que se han visto forzadas por las circunstancias a ejercer la vil prostitución, de quienes esperaban que entonasen un mea culpa por vender su cuerpo a los hombres, que se mostrasen arrepentidas por lo que hacían y que quisieran dejar de hacerlo. Pero Carla, Pia y muchas otras prostitutas desbaratan esta imagen: Las feministas no aceptaban esta posición: Elegí hacerlo, nadie me ha obligado, me gusta, quiero seguir haciéndolo porque es un oficio que me va bien Carla ni muestra arrepentimiento por trabajar de puta ni quiere ser redimida por ello.

No se presenta como víctima y el trabajo sexual que desempeña para vivir lo hace porque quiere, en la misma medida o con los mismos condicionamientos en su elección que pueden tener otras muchas personas a la hora de conseguir un trabajo con el que ganarse la vida. El libro de Carla Corso y Sandra Landi escandaliza porque problematiza los estereotipos que discursos de uno u otro tipo, tanto moralistas como feministas, han establecido sobre el mundo de la prostitución.

Carla no nos presenta la historia de una mujer marginal e infeliz, apenada por lo que hace, sino que se presenta como una mujer que ha escogido lo que hace y que, gracias a los recursos que su trabajo le proporciona, vive felizmente, disfruta de la vida.

No quiero concluir el presente texto sin antes disipar tres posibles malentendidos que hubiesen podido suscitarse a tenor de lo dicho hasta aquí. Carla se sabe, de hecho, diferente y, como ella misma recoge en su relato, hay muchos tipos de prostitución 16 recordar esta diversidad es, en parte, una de las intenciones del presente texto.

Carla reconoce no ser representativa de cómo son, qué desean y qué hacen muchas prostitutas; se reconoce diferente de las otras prostitutas, quienes también la ven a ella como distinta De hecho, Carla también padece y nos relata los aspectos negativos de su experiencia prostitucional, la violencia sobre todo.

Nos narra sus males, lacras y peligros. Señala que lo peor del ejercicio de la prostitución no es la venta del cuerpo y la supuesta enajenación que ello conllevaría. Otro aspecto especialmente desagradable de la prostitución es el desprecio social con que se trata a las prostitutas. Lo que a éstas les impide relacionarse con cierta normalidad con personas conocidos, amigos, etc.

No admitimos que una misma persona tenga varias cuentas activas en esta comunidad. Pero existe también toda una literatura, narrada o escrita por las mismas prostitutas, cuya lectura nos permite cuestionar, relativizar y desmontar algunos de esos estereotipos. No tenía ninguna necesidad de prostituirse. Espacios de nombres Artículo Discusión. Las cosas le iban bien. Barnés Contacta al autor.

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