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Prostitutas en la historia prostitutas de sevilla

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Entre ellos, hay que incluir a las profesas de algunos de los muchos conventos que vivían de la caridad y en cuyas clausuras se practicaban con frecuencia dietas forzadas.

Las desesperadas peticiones de las abadesas al concejo para que les concediesen del pósito algunas fanegas de trigo para comer son una constante en la Sevilla Moderna. Cuando llegaban las crisis cerealísticas lo pasaban mal hasta los pudientes, mientras que los pobres quedaban en un total desamparo.

Pero junto a esta pobreza vergonzante estaba el extenso mundo del hampa -mendigos, vividores, pícaros, pedigüeños y delincuentes que llegaban a Sevilla desde todos los puntos de España en busca de oportunidades. Cientos de truhanes merodeaban por las Gradas, la Casa de la Contratación, el Arenal, las mancebías y las puertas de las iglesias en busca de alguien a quien convencer o extorsionar para que les ofreciese algunas monedas. También la prostitución adquirió una extraordinaria magnitud en la Sevilla Imperial.

Y ello por dos motivos: Para ejercer en la mancebía las aspirantes debían cumplir una serie de requisitos: Muchas de las que no cumplían los requisitos o estaban enfermas salían a vender su cuerpo directamente a las principales calles, como la Cestería, la Carretería, o el barrio de Triana.

Sin embargo, dado que vivían de la caridad sus profesas padecían unas estrecheces tales que era todo un disuasorio para las aspirantes. Casos muy paradójicos de estas mujeres que pasaban de la calle al cenobio y viceversa.

Evidentemente, dentro del mundo de la prostitución las remuneraciones eran muy diferentes. Una mujer joven, atractiva y sana podía sacar cuatro o cinco ducados diarios Una mujer con oficio que llevaba ejerciendo la prostitución décadas y que sabía cómo ganarse la vida.

La evolución de la prostitución en Sevilla adquirió tal magnitud que en se estimaba que había unas 3. Este mundo del hampa también forma parte de la historia de la Sevilla del Quinientos.

El vendedor fue apresado por la justicia y explusado de la ciudad. Eran los pícaros " una especie de gentes que ni parecen cristianos, ni moros, ni gentiles ", en palabras del protagonista de "La vida del escudero Marcos de Obregón". Es interesante señalar que este numeroso grupo de personas que vivía al borde mismo de la legalidad, formaban toda una organización en la que cada cual cumplía un papel determinado, con su propia jerarquía y con cierto control sobre cada uno de sus miembros.

Los pícaros podían ser "de cocina" pinches auxiliares de cocinero , "de costa" merodeadores de playas y puertos" y "de jabega" timadores de incautos. El origen del pícaro parece estar en el oficio de esportillero -aquél que transporta un producto en espuertas- , oficio que aprovechaban para sisar algo de mercancía con qué comer. El lenguaje utilizado por los bajos fondos era también una característica que lo definía.

Era una jerga especial, la " jerga de la germanía ", cuyo empleo constituía un signo de reconocimiento entre los truhanes. La taberna era la ermita , el bando de tortura era el confesionario , ser ahorcado era casarse con la viuda , al dinero se le llamaba la sangre , a la bolsa de monedas la pelota y a Sevilla la denominaban Babilonia.

Y esto atribuimos los del arte a su buena devoción, porque sus fuerzas no eran bastantes para sufrir el primer desconcierto del verdugo. Y, porque sé que me han de preguntar algunos vocablos de los que he dicho, quiero curarme en salud y decírselo antes que me lo pregunten. Sepan voacedes que cuatrero es ladrón de bestias; ansia es el tormento; rosnos, los asnos, hablando con perdón; primer desconcierto es las primeras vueltas de cordel que da el verdugo.

La delincuencia sevillana solía resolver sus cuentas en los llamados " apedreaderos " que había en algunas puertas de la ciudad y en las murallas y barbacanas.

Nos cuenta el Padre León , todo un cronista de los bajos mundos, que en ellos se reunían " muchos hombres desalmados, delincuentes, inquietos, valientes, valentones, bravotines, espadachines y matadores y forajidos, gentes a quien no se atrevían las justicias que había en esta gran ciudad, así de la ordinaria, como la de la ciudad, y alcaldes de corte ".

Allí se enfrentaban las bandas rivales, con cuanto material bélico podían hacerse: No pocos fueron los alguaciles que salieron descalabrados cuando intentaron detener a los contendientes. Pero dejemos que nos lo cuente el propio cronista:. Era tanta la demasía que aquel año había en esto, sin poderlo remedir ni el asistente ni los alguaciles, uno de los cuales se llamaba Marco Caña, famosísimo, de cuyo nombre temblaban todos en Sevilla y aun fuera de ella. No había fiesta ni domingo en que no hubiese alguno o algunos muertos y heridos; y pendencias y guerras tan ensangrentadas que era imposible ponerlos en paz, porque cuando estaban ya muy encarnizados los muchachos se le llegaban a cada lado los hombres de mal vivir que tengo dicho; los cuales venían a vengar sus injurias, y los odios, injurias y pendencias, que entre semana no habían podido vengar.

A río vuelto las vengaban en los apedreaderos y en los palos, que los domingos y fiestas se celebraban, y era tanta la gente que salía la Puerta de Marchena y de Córdoba, y a las murallas y barbacanas, como si fuera para ver justas y torneos. Muchas veces iba el Asistente don Francisco Zapata, Conde de Barajas, grande gobernador, y de gran valor con sus alguaciles y volvíanse como habían ido, sin hacer suerte en ninguno de todos ellos; porque encolumbrando la justicia, se apiñaban y juntaban los dos bandos contrarios y diciendo: Otros, que no tenían ninguna ocupación, ni posibilidades de tenerla, se dedicaban a la mendicidad.

La mendicidad fue una constante de una sociedad en la cual el trabajo manual no gozaba de total aceptación y en la cual el mendigo no era un ser indeseable.

Escondido de la Inquisición, no corre sin embargo la misma suerte que su homóloga femenina, tildada de bruja cuando en el fondo ambos son sanadores: Así lo cuenta Mary Elizabeth Perry en Ni espada rota ni mujer que trota, libro de referencia sobre la mujer en la Sevilla del Siglo de Oro: Como viuda rica, Teresa Pinelo no tiene que recurrir a ninguno de estos oficios marginales o denigrantes, un privilegio solo comparable al de las beatas e iluminadas.

Y, si bien su condición de viuda le permite cierta libertad, la sombra de su marido infiel se hace notar en La Peste. Pues como explica Mary Elizabeth Perry: Ni que decir tiene que el que Teresa Pinelo sea pintora es toda una excentricidad. La mujer tenía entonces que dedicarse a la casa, y lo contrario eran, como cuenta la profesora de la Sorbona Nathalie Peyrebonne en su artículo La mesa, la cocina y la mujer: El saber en la mujer estaba mal visto.

Sí, Quevedo también nos ridiculizaba. Pero dejemos que nos lo cuente el propio cronista:. Era tanta la demasía que aquel año había en esto, sin poderlo remedir ni el asistente ni los alguaciles, uno de los cuales se llamaba Marco Caña, famosísimo, de cuyo nombre temblaban todos en Sevilla y aun fuera de ella.

No había fiesta ni domingo en que no hubiese alguno o algunos muertos y heridos; y pendencias y guerras tan ensangrentadas que era imposible ponerlos en paz, porque cuando estaban ya muy encarnizados los muchachos se le llegaban a cada lado los hombres de mal vivir que tengo dicho; los cuales venían a vengar sus injurias, y los odios, injurias y pendencias, que entre semana no habían podido vengar.

A río vuelto las vengaban en los apedreaderos y en los palos, que los domingos y fiestas se celebraban, y era tanta la gente que salía la Puerta de Marchena y de Córdoba, y a las murallas y barbacanas, como si fuera para ver justas y torneos. Muchas veces iba el Asistente don Francisco Zapata, Conde de Barajas, grande gobernador, y de gran valor con sus alguaciles y volvíanse como habían ido, sin hacer suerte en ninguno de todos ellos; porque encolumbrando la justicia, se apiñaban y juntaban los dos bandos contrarios y diciendo: Otros, que no tenían ninguna ocupación, ni posibilidades de tenerla, se dedicaban a la mendicidad.

La mendicidad fue una constante de una sociedad en la cual el trabajo manual no gozaba de total aceptación y en la cual el mendigo no era un ser indeseable. La caridad estaba institucionalizada de tal forma que la sociedad asumía perfectamente la carga que suponía el mantenimiento de los pobres mediante una amplia gama de procedimientos. Los ciegos son un grupo especial, recibiendo el respeto social y acompañados generalmente de una guitarra.

Las fluctuaciones climatológicas con las consiguientes malas cosechas, hambrunas y endemias, junto con el alza de vida experimentada durante toda la centuria, fomentaron la miseria de muchos y la existencia de un submundo de mendigos y vagos. Se ha comprobado que de las licencias de mendigos que se expidieron en la ciudad en , eran para personas que procedían de fuera de ella. Los ancianos que no tenían ningua clase de medios, eran cuidados en los hospitales.

Eran entidades con pocas camas, muchas veces especializados en concretos males, donde se acogian pobres, bubosos, locos, leprosos, etc. La mendicidad era también practicada por una verdadera legión de niños huérfanos o abandonados , muchos de los cuales habían sido depositados al nacer en la Casa Cuna de Sevilla.

Casos muy paradójicos de estas mujeres que pasaban de la calle al cenobio y viceversa. Evidentemente, dentro del mundo de la prostitución las remuneraciones eran muy diferentes. Una mujer joven, atractiva y sana podía sacar cuatro o cinco ducados diarios Una mujer con oficio que llevaba ejerciendo la prostitución décadas y que sabía cómo ganarse la vida.

La evolución de la prostitución en Sevilla adquirió tal magnitud que en se estimaba que había unas 3. Este mundo del hampa también forma parte de la historia de la Sevilla del Quinientos. Una gran ciudad con sus luces y con sus sombras. Nuevamente, me sorprenden dos cosas: Y otra, las similitudes con muchas de las situaciones que todavía se viven en pleno siglo XXI. Es lamentable lo poco que hemos evolucionado éticamente los seres humanos.

Mujeres enamoradas La homosexualidad Ubicación mancebía Ordenanzas A diferencia del caso malagueño, por ejemplo, la ciudad de Sevilla no ingresaba renta alguna de la Mancebía, salvo la derivada del alquiler de algunas de prostitutas en la historia prostitutas de sevilla casas de la misma que eran de propiedad municipal. Ya no se trataba de un vil oficio ejercido por mujeres estantes y ajenas a la comunidad. Junto a esos burgueses y nobles que se enriquecieron, proliferó también un extenso mundo del hampa y la miseria. Muchas de las que no cumplían los requisitos o estaban enfermas salían a vender su cuerpo directamente a las principales calles, como la Cestería, la Carretería, o el barrio de Triana. El mayor contingente de rameras clandestinas los nutrían las cantoneras, busconas de callejón y esquina que prostitutas san jose bromas a prostitutas a la casa de clientes, fuera de día o de noche.

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