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La prostitucon prostitutas japonesas

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Hemos enviado la contraseña a su correo electrónico. Trending Ahora Semana Mes. El Japón actual y su actitud hacia el sexo Luis 6 marzo, Japón adulto. Preferencias de privacidad Estoy de acuerdo.

Gestión de consentimientos Ajustes de cookies Cookies imprescindibles Cookies de terceros. Suscríbete a la newsletter de Japonismo Cada mes enviamos una newsletter con contenido interesante sobre Japón. Acepto la Política de Privacidad. Con mano firme, el régimen del sogunato Tokugawa acababa de zanjar siglos de escaramuzas y guerras civiles.

Por fin, los japoneses podían dedicar sus esfuerzos a prosperar. Formalmente, la sociedad seguía dividida en castas feudales: En la escala oficial, los comerciantes estaban por debajo de los campesinos. En su vida diaria debían fingir humildad, sobornar a funcionarios y andarse con ojo para no ser expropiados.

En los barrios de placer , en cambio, la cuna no importaba, solo contaba el dinero. Tenían terminantemente prohibido pisar el exterior y estaban sujetas a contratos draconianos y deudas inagotables, que las obligaban a prostituirse hasta el final de su juventud. Generalmente eran hijas de campesinos que las cedían a cambio de dinero, convencidos de que allí, al menos, tendrían asegurado un techo, comida y ropa.

Llegaban siendo niñas y pasaban sus primeros años trabajando como criadas. Pero si eran especialmente bonitas y demostraban talento podían empezar como aprendizas acompañando a las grandes cortesanas a modo de séquito , y convertirse, a su vez, en cortesanas de alto rango. Envueltas en capas y capas de vistosas telas, ceñidas con gigantescos fajines anudados por delante, causaban sensación.

Se pagaban fortunas por la mera compañía de una cortesana. Por otro lado, para ganarse sus favores era preciso cortejarlas.

El de geisha fue, inicialmente, un oficio masculino. Fuera de los barrios oficiales la prostitución era ilegal. Por supuesto, eso no implica que no existiera. También proliferaban bailarinas adolescentes cuyos favores a veces se podían comprar. En , una mujer se autodenominó geisha.

Se llamaba Kikuya , y era una prostituta ilegal del barrio de Fukagawa, en Edo, decidida a dignificar su profesión promocionando su talento para el canto y la danza. Alentadas por su éxito, muchas mujeres siguieron su ejemplo. A regañadientes, los distritos oficiales decidieron conjurar esta amenazadora competencia contratando a sus propias geishas femeninas. Les impusieron estrictas normas: Hacia había tres geishas femeninas por cada artista masculino, y la palabra geisha pasó a designar exclusivamente a mujeres.

Las redadas que combatían la prostitución en los barrios ilegales pasaban de largo ante las geishas. Había nacido una nueva profesión.

A mediados del siglo XIX, una velada elegante en un distrito legal discurría siguiendo un ritual preciso. El cliente, solo o con invitados, pasaba la primera parte de la noche en una casa de té bebiendo sake y tal vez cenando.

También podía contratar los servicios de un bufón. Hacia medianoche, las geishas y el bufón acompañaban al cliente entre risas y flirteos al burdel, donde este tenía ya una cita previamente concertada. Cada cortesana disponía de un pequeño apartamento espléndidamente decorado. Si el cliente era de confianza, la cortesana le recibía en su sala de estar y se unía brevemente a la fiesta.

Si era su primera vez, no había preliminares. Las geishas se retiraban en cuanto la pareja entraba en el dormitorio. Sería un error deducir de todo ello que las geishas eran criaturas virginales. Los colores de sus kimonos eran muy brillantes, con diseños muy grandes. Solían tener bordados de animales como aves, o temas del Genji Monogatari.

El obi o cinturón también era de seda, y de grandes dimensiones. El obi de una oiran se ataba siempre en la parte frontal, no en la trasera. Esta forma de atar el obi tiene su origen en la época en las que ellas ofrecían servicios sexuales.

El calzado consistía en unas geta de madera lacada en negro, con cintas de color rojo generalmente. Solían medir hasta unos 30 cm de altura. Por ello, cuando desfilaban por la calle, necesitaban un ayudante para que las sujetara. Sólo se pintaban el labio inferior. El cuello se pintaba con tres rayas blancas. Los peinados de una oiran eran muy recargados. Solían tener siempre un peinado típico.

Solían llevar a partir de ocho adornos para el pelo. Los colores predominantes de estos adornos son el amarillo y el rojo. Debido al parecido en la vestimenta, peinado y maquillaje de las oiran y de las geishas , y el hecho de que ambas profesiones requerían una sofisticada forma de ser, durante la Segunda Guerra Mundial , las oiran , particularmente en onsen , queriendo aprovechar el prestigio de las geishas se promocionaban de tal forma ante los turistas japoneses y extranjeros.

Sin embargo hay claras diferencias entre una oiran y una geisha, no sólo en apariencia, sino también en los servicios. Sin embargo el propósito de una oiran es proporcionar placer sexual, acompañado con entretenimientos como recitar versos, tocar instrumentos musicales, o mediante la conversación. Durante el período Edo, la prostitución era legal y las prostitutas, como las oiran , estaban autorizadas por el gobierno.

Por el contrario, las geishas tenían estrictamente prohibida la prostitución, y estaba oficialmente prohibido que tuvieran relaciones sexuales con sus clientes.

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Por supuesto, eso no implica que no existiera. También proliferaban bailarinas adolescentes cuyos favores a veces se podían comprar. En , una mujer se autodenominó geisha. Se llamaba Kikuya , y era una prostituta ilegal del barrio de Fukagawa, en Edo, decidida a dignificar su profesión promocionando su talento para el canto y la danza.

Alentadas por su éxito, muchas mujeres siguieron su ejemplo. A regañadientes, los distritos oficiales decidieron conjurar esta amenazadora competencia contratando a sus propias geishas femeninas. Les impusieron estrictas normas: Hacia había tres geishas femeninas por cada artista masculino, y la palabra geisha pasó a designar exclusivamente a mujeres. Las redadas que combatían la prostitución en los barrios ilegales pasaban de largo ante las geishas.

Había nacido una nueva profesión. A mediados del siglo XIX, una velada elegante en un distrito legal discurría siguiendo un ritual preciso. El cliente, solo o con invitados, pasaba la primera parte de la noche en una casa de té bebiendo sake y tal vez cenando. También podía contratar los servicios de un bufón.

Hacia medianoche, las geishas y el bufón acompañaban al cliente entre risas y flirteos al burdel, donde este tenía ya una cita previamente concertada. Cada cortesana disponía de un pequeño apartamento espléndidamente decorado.

Si el cliente era de confianza, la cortesana le recibía en su sala de estar y se unía brevemente a la fiesta. Si era su primera vez, no había preliminares. Las geishas se retiraban en cuanto la pareja entraba en el dormitorio. Sería un error deducir de todo ello que las geishas eran criaturas virginales. Podían y pueden tener amantes. Entrada a Ichiriki Ochaya. Las okiya , casas donde residen y se entrenan las geishas, invierten sumas astronómicas en formar a sus pupilas.

Por ello, hasta mediados del siglo XX, dos grandes fuentes de ingresos complementaban su tarifa habitual: El mizuage consistía en ofrecer a un cliente selecto la oportunidad de desflorar a una aprendiz , o maiko , de catorce o quince años de edad. Era una ocasión excepcional: Para señalar su paso a la madurez, la muchacha cambiaba de peinado y recibía felicitaciones de sus compañeras de gremio.

Un danna costeaba el vestuario y las lecciones de su protegida y, si era lo bastante rico, adquiría una vivienda para ella, a menudo con la aquiescencia de su esposa. Mantener a una geisha era un símbolo de estatus en la alta sociedad nipona. Su papel en el fin del sogunato y la Restauración Meiji fue crucial. En , el líder rebelde Kido Takayoshi salvó la vida gracias a Ikumatsu, una geisha que le ayudó a esconderse y huir.

Kido no olvidó el favor. Por primera vez, una geisha se convertía en la esposa de un estadista. En había Ni siquiera las flappers japonesas habían logrado eclipsarlas con sus vestidos de flecos y sus peinados a lo garçon. Durante el período Edo, la prostitución era legal y las prostitutas, como las oiran , estaban autorizadas por el gobierno.

Por el contrario, las geishas tenían estrictamente prohibida la prostitución, y estaba oficialmente prohibido que tuvieran relaciones sexuales con sus clientes. Físicamente se distinguía a una oiran de una geisha por distintos detalles en su indumentaria: Las oiran anudaban sus obis al frente mientras que las geishas lo hacían a la espalda. Las getas de las oiran eran de una altura muy superior a las usadas por las geishas.

El mizuage de una maiko aprendiz de geisha a una geisha de verdad consistía en un pequeño ritual donde cambiaba el peinado, la vestimenta y el nombre. Actualmente, el oficio que desempeñaba una oiran original no se realiza. Sólo perviven sus tradiciones culturales. Para rememorar esta figura desaparecida, cada año en Japón se realizan desfiles de oiran por las calles. Son mujeres que se dedican a aprender la cultura de estas cortesanas, pero también hay algunas mujeres y niñas que se ofrecen voluntarias para desfilar disfrazadas con ellas.

Este desfile se conoce con el nombre de oiran-dochu. Es gratuito y en él desfilan las tres oiran que perviven hoy en día, llamadas Shinano, Sakura, y Bunsui. Se celebra en abril. Las oiran desfilan, como antaño, acompañadas por sus ayudantes y sirvientes. Siempre van por la calle de la mano de su sirviente que es un hombre , que les ayuda a caminar.

Este desfile también se conoce por el nombre de Echigo no yume-dochu. De Wikipedia, la enciclopedia libre. Reflections of the Floating World. Palabras y frases en japonés Ocupaciones Prostitución. Maria Sibylla Merian Una de las primeras naturalistas de la….

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